Fobia Específica

La Fobia se caracteriza por una reacción de miedo y/o ansiedad, que provoca una alta emotividad y malestar en la persona. Esta reacción se caracteriza por ser desproporcionada al peligro real que supone el estímulo o la situación temida.

La Fobia Específica se encuentra dentro de la categoría de trastornos de ansiedad. Sabemos que en muchos casos, la ansiedad es una respuesta adaptativa, ya que nos ayuda a protegernos a la vez nos impulsa a realizar el esfuerzo para adaptarnos a nuestro entorno. Pero en ocasiones, cuando la ansiedad se apodera de nuestro presente, puede dar lugar a diversas patologías, las cuales se engloban en esta categoría de trastornos de ansiedad.

Definición de la Fobia Específica

Aunque comúnmente las fobias pueden ser conocidas, los criterios que establece la APA para el diagnostico de una fobia especifica, son los siguientes:

  1. Un objeto o situación específica provoca miedo o ansiedad intensa.
  2. Este objeto o situación casi siempre provoca estas emociones de miedo intenso y ansiedad elevada.
  3. Las maneras con las que se hace frente a esta situación especifica o al objeto concreto son la evitación o la resistencia activa con miedo y ansiedad intensa.
  4. El miedo y/o la ansiedad son desproporcionados al peligro real que supone el objeto o la situación concreta.
  5. La ansiedad, el miedo o la evitación de lo que se teme, tiene un duración mínima de 6 meses.

Además de estos criterios definitorios de la fobia, en el DSM-V, se establecen especificadores. Estos ayudan a clarifican el tipo de fobia, ya que indican cuál es el objeto o la situación fóbica:

  • Animal (por ejemplo: arañas, perros, lagartijas, cucarachas, etc.)
  • Entorno Natural ( por ejemplo: tormentas, tsunamis, alturas, etc.)
  • Sangre-Inyección-Herida (por ejemplo: procedimiento médicos invasivos, agujas, roturas etc.)
  • Situacional (por ejemplo: espacios cerrados, ascensores, aviones, trenes, etc.)
  • Otra (por ejemplo: personajes disfrazados, sonidos ruidosos, situaciones que pueden provocar ahogo o vómito, etc. )

Una característica destacable de las fobias especificas es que a pesar de tener una alta prevalencia en la población, no suelen ser motivo de consulta psicológica. Esto puede ser porque acabamos desarrollando estrategias de adaptación (evitación del estimulo fóbico) que nos permiten vivir con esta fobia sin que ella nos interfiera gravemente en el día a día.

¿Cómo puede adquirirse una fobia?

Habitualmente, la fobia se desarrolla posteriormente a que la persona experimente una situación aversiva. En esta situación, la persona ha sufrido daño o ha sentido que su integridad estaba siendo amenazada.

La fobia también puede adquirirse por aprendizaje vicario. Es decir, al observar la conducta fóbica de otra persona. Normalmente, de personas que son figuras de referencia.

Algo curioso es que a partir de recibir información sobre lo peligroso que puede ser un estímulo o situación, también se puede desarrollar una fobia. Aunque la persona nunca haya estado expuesta a ese estimulo o haya vivido tal situación. Este mecanismo de desarrollo de la fobia, suele ser más frecuente cuando esta narración de peligro se ha presentado de forma frecuente en la infancia.

La fobia: a nivel cognitivo.

La descripción que la persona se hace del estímulo temido, se caracteriza por estos 3 elementos:

  1. Valoración distorsionada del peligro
  2. Expectativa de peligro
  3. Sobreestimación de la probabilidad de que ocurra el evento aversivo

Esta descripción mental, hace que la persona centre toda su atención en este estímulo (que se esta interpretando como peligroso). Pero además, la atención será sesgada, ya que estará centrada en los elementos peligrosos y dañinos del estímulo.

Esta descripción del estímulo temido, se acompaña de la descripción que la persona hace de si mism@. Esta se caracteriza por:

  • Interpretar las señales fisiológicas como un anuncio de que hay peligro cerca
  • Creer que no se poseen suficientes recursos para hacer frente al peligro
  • Pensar que el miedo es incontrolable y por tanto, no puedo predecir ni planificar mi conducta para hacerle frente

La fobia: a nivel conductual.

Con estas descripciones en la mente, la persona solo ve el escape o la evitación como posibles conductas para salvaguardar su integridad. De tal manera, que eso es lo que hace: o huye o evita a toda costa el estímulo temido.

Además de estas conductas, aparecen otras conductas que tiene un papel importante: las conductas defensivas. Estas se definen como un conjunto de comportamientos que tienen el objetivo de contrarrestar los efectos negativos de un estímulo o evento fóbico. Por ejemplo, el retirarse hacia atrás o taparse los ojos delante de un estimulo temido como una araña o una aguja.  Estas conductas son importantes porque refuerzan la creencia de que ese estímulo que se teme es peligroso.

La fobia: a nivel emocional.

Cuando la persona se expone al estímulo o situación temida, las emociones se disparan. Habitualmente, la persona siente mucho miedo, elevada ansiedad, e incluso desagradable asco, hacia aquello que se teme.

Estas emociones disminuyen cuando la persona se escapa o evita al estimulo temido. Pero disminuyen a corto plazo, es decir de forma momentánea. No desaparecen, sino que la próxima exposición al estimulo temido. Volverán a aparecer e incluso puede que con mayor intensidad y gravedad. Es esta disminución momentánea que hace que se refuercen las conductas de evitación y/o escape. Es decir, como al escapar o evitar el estímulo, mi ansiedad y/o miedo desaparece, entiendo que esa conducta es buena y por tanto, la repetiré. Además, también refuerza las descripciones que la persona se hace de si misma y del objeto o situación fóbica. Es decir, la persona siente que estas emociones intensas, desaparecen cuando se aleja del estímulo temido. Por tanto, interpreta que ese estímulo es peligroso y por ello, le provoca las emociones desagradables.

 

 

 

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Referencias

American Psychiatric Association & American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders DSM-5®. Madrid, España: Editorial Médica Panamericana.

 

 

Artículo Escrito por:

Gda. Andrea Fuentes Pardo

Psicóloga cognitivo-conductual. Futura Psicóloga General Sanitaria.

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